Junto con febrero es uno de los meses más cortos del año, pero por motivos diferentes. La mayoría lo espera con ansiedad porque alberga dos fiestas centrales en la vida de los argentinos y porque, aparte del sueldo, se cobra el medio aguinaldo, que permite comprar regalos o darse algunos placeres al contar con un dinero extra. La proximidad de Navidad y Año Nuevo en la última semana de diciembre aceleran el pulso cardíaco y del bolsillo. A quienes no les fue bien les asalta la ansiedad por despedir rápidamente estos 365 días con la esperanza de que la buena suerte los favorecerá en el nuevo período que se inicia el 1° de enero. Y a aquellos que tuvieron un buen pasar seguramente están deseosos de festejar.

En estos días, en que los asalariados están terminando de cobrar, aumentará notablemente el movimiento comercial en el centro de la ciudad. Los asaltos y motoarrebatos tenderán a incrementarse, razón por la cual el Ministerio de Seguridad debería poner en marcha con la debida anticipación un plan de prevención de robos, que tiene por protagonistas habituales a las mecheras y a los punguistas.

En las cercanías de las festividades, cuando que las peatonales y las galerías están colmadas, delitos se duplican en relación con otros momentos del año. La Policía tendrá un papel fundamental en la protección de los ciudadanos y de los comerciantes, que deberán estar atentos a la acción de los amigos de lo ajeno.

Los punguistas no suelen ejercer violencia; generalmente, trabajan en los colectivos en horario pico y en el microcentro. Roban las billeteras o meten las manos en las carteras o en los bolsos. A diferencia de los primeros las mecheras, sus colegas, se mueven en grupos para despistar. Suelen abrir las carteras de las mujeres y robar prendas u objetos de los negocios. Mientras una de ellas distrae a la vendedora, sus cómplices guardan la ropa en sus bolsos. A este binomio se suman los arrebatadores que nunca actúan solos: arrancan relojes, y carteras en las aglomeraciones; otros se mueven en motocicleta. En esta categorización tampoco es conveniente dejar de lado a los descuidistas que se mezclan con las personas y aguardan la distracción de algún individuo para robarle.

Los operativos de seguridad no sólo deberían efectuarse en la zona del microcentro, sino también en otros sectores de la ciudad donde haya actividad comercial, así como de Yerba Buena, donde existen varios centros comerciales que atraen semanalmente a miles de personas.

El Gobierno debería prever también qué hará respecto de la venta informal, en caso de que se siga permitiendo a los ambulantes ofrecer sus productos en las veredas del microcentro. No debería esperar los reclamos de la Federación Económica o incidentes para actuar. Se supone que alrededor del 12 del corriente la afluencia a la zona comercial será mucho más intensa y encontrará su clímax en los días previos a las Fiestas. El Gobierno tiene una nueva oportunidad para darle fin o, por lo menos, encauzar por el camino correcto el crónico problema de la venta ilegal en las calles que hace eclosión en estas fechas. Han transcurrido dos administraciones de gobierno -provincial y municipal- con los mismos gobernantes sin que hayan podido brindar una solución a este dilema social. Sería positivo que diciembre transcurriera con la menor cantidad de episodios desagradables y con la habitual algarabía navideña.